Los incendios forestales en la Patagonia argentina volvieron a intensificarse en los últimos días y mantienen en vilo a miles de personas, especialmente en la provincia de Chubut, donde el pueblo de Cholila quedó prácticamente rodeado por las llamas. La situación es crítica y los vecinos advierten que el fuego podría avanzar sobre las zonas urbanas si no se refuerza el operativo de emergencia.
Según informaron autoridades y especialistas, los focos ígneos que habían sido parcialmente controlados a mediados de enero se reactivaron debido a las altas temperaturas, los fuertes vientos y la falta de lluvias. Las condiciones extremas provocaron que el fuego avance con gran velocidad, arrasando con vastas áreas de bosque nativo y plantaciones forestales.
Hasta el momento, se estima que las llamas ya consumieron más de 35.000 hectáreas en Chubut, una de las cifras más altas de los últimos años, y el número continúa en aumento. La localidad de Cholila, con miles de habitantes, quedó cercada por distintos frentes de fuego, lo que obligó al cierre de rutas y generó un clima de tensión entre los pobladores, que se organizaron en brigadas voluntarias para defender sus casas.
Expertos en medio ambiente señalaron que el fenómeno se agravó por el cambio climático, que provoca sequías prolongadas, temperaturas récord y tormentas eléctricas que pueden originar nuevos focos. Además, alertaron que los incendios en la región son cada vez más frecuentes y violentos, generando verdaderas “tormentas de fuego” con cenizas y brasas que se dispersan a kilómetros de distancia.
El fuego también amenaza áreas protegidas y centros turísticos, como el Parque Nacional Los Alerces y localidades cercanas a Esquel, lo que podría tener un fuerte impacto ambiental, económico y social. En otras provincias patagónicas, como Río Negro y Santa Cruz, también se registraron focos activos y evacuaciones preventivas de residentes y turistas.
Mientras brigadistas, bomberos y voluntarios trabajan sin descanso, las autoridades reiteraron el pedido de extremar precauciones y evitar cualquier actividad que pueda generar incendios. La crisis reaviva el debate sobre las políticas de prevención, la gestión del fuego y la necesidad de fortalecer los recursos para combatir este tipo de emergencias ambientales.