Durante los primeros días de enero de 2026, una serie de incendios forestales de gran magnitud afectó a distintas zonas de la Patagonia argentina, con epicentro en la provincia de Chubut y la región de la Comarca Andina. El avance del fuego provocó evacuaciones, pérdidas materiales y un fuerte impacto ambiental en áreas de alto valor ecológico, en un contexto marcado por condiciones climáticas adversas.
Los focos comenzaron a registrarse a principios de enero y se propagaron rápidamente debido a la sequía prolongada, las altas temperaturas y los fuertes vientos, características frecuentes del verano patagónico. Las llamas avanzaron sobre bosques nativos, pastizales y áreas rurales, alcanzando zonas cercanas a centros poblados y destinos turísticos.
El crecimiento del fuego obligó a las autoridades a ordenar evacuaciones preventivas de residentes y turistas, mientras se desplegaba un amplio operativo de emergencia para intentar contener los focos activos.
El impacto ambiental
Desde Greenpeace señalaron que los incendios afectaron ecosistemas clave de la Patagonia, una de las regiones con mayor biodiversidad del país. Los bosques nativos cumplen un rol fundamental en la regulación del clima, la protección del suelo y la conservación del agua, por lo que su pérdida tiene consecuencias que se extienden mucho más allá del área quemada.
La organización remarcó que la destrucción de estos ambientes naturales implica:
Pérdida de biodiversidad y hábitats de especies autóctonas.
Mayor vulnerabilidad del suelo a la erosión.
Afectación de cuencas hídricas y reservas de agua.
Dificultades para la regeneración natural del bosque en el corto y mediano plazo.
Evacuaciones y consecuencias sociales
El avance del fuego generó situaciones de riesgo para la población, especialmente en localidades de la Comarca Andina. Miles de personas debieron abandonar sus viviendas o alojamientos turísticos de manera preventiva.
Si bien no se registraron víctimas fatales, se reportaron daños en viviendas, infraestructura rural y emprendimientos productivos, además del impacto económico sobre el turismo, uno de los principales motores de la región.
El combate del fuego involucró a brigadistas forestales, bomberos voluntarios y fuerzas de seguridad, con apoyo de aviones hidrantes y helicópteros. A pesar del despliegue de recursos, las tareas se vieron dificultadas por las altas temperaturas, los fuertes vientos y la extensión del área afectada. Desde Greenpeace señalaron que, si bien la respuesta de emergencia es fundamental, resulta insuficiente sin políticas de prevención sostenidas que incluyan manejo del territorio, sistemas de alerta temprana y una protección efectiva de los bosques nativos.
En cuanto al origen de los incendios, las autoridades indicaron que algunos focos podrían haber sido intencionales y se iniciaron investigaciones judiciales. En este contexto, circuló en redes sociales un video que generó especulación sobre posibles responsables. Tanto organismos oficiales como organizaciones ambientales aclararon que no existen confirmaciones concluyentes y pidieron evitar la difusión de información no verificada mientras avanzan las investigaciones.
Ayer se registraron lluvias leves en algunos sectores de la región cordillerana, lo que permitió una baja momentánea de la temperatura y del humo, ofreciendo un alivio parcial. Sin embargo, especialistas coincidieron en que las precipitaciones fueron insuficientes para extinguir los focos activos, por lo que las tareas de control y monitoreo continuaron para evitar rebrotes.
Greenpeace subrayó que los incendios de 2026 se inscriben en un escenario de aumento de eventos extremos en el país y reiteró la necesidad de políticas públicas integrales que prioricen la prevención, la conservación de los ecosistemas y una respuesta estructural frente a la crisis climática. Al cierre de los últimos reportes, algunos focos permanecían contenidos y otros en proceso de control, mientras se evaluaban los daños ambientales y sociales en la región.